Hoy en día vivimos en una sociedad consumista en la que los medios de comunicación devoran la actualidad y la desechan. La información en sí, pierde la posibilidad de formación y se convierte en una noticia que envejece rápido. Hay que sacarle provecho lo antes posible, conseguir llamar la atención del espectador o del lector, que está saturado de información y falto de conocimiento.
Además, hay ciertos estudios que afirman que determinados contenidos violentos general violencia también los espectadores.
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| fuente: http://latelevisionenlosninios.blogspot.com |
El espectador se convierte en un ‘voyeur’ que desea saciar su apetito audiovisual. La televisión se convierte entonces en el ojo que le permite ver desde su casa todo tipo de imágenes. La era digital ha potenciado el consumo de este tipo de imágenes, que muestran violencia, desgracias, dolor y miserie.
La televisión y los medios impresos han explotado en cantidades industriales este tipo de contenidos: el sensacionalismo y el género rosa constituyen un enorme negocio en las sociedades occidentales.
Armando Silva,
semiólogo experto en psicoanálisis dice lo siguiente acerca de este tema: “Ese poder ver o escuchar lo íntimo de
los poderosos es quizá una de las mayores pasiones de los públicos mediáticos
del nuevo milenio. Se podría hasta decir que la industria light del espectáculo
está montada sobre el morbo de divulgar los secretos personales. Vivimos la era
donde el secreto se volvió industria. Y por esa vía, tanto las revelaciones del
poder como las telenovelas de la farándula comparten mayores sintonías".
¿Por qué estas imágenes causan fascinación? ¿Por qué se consumen de este modo?
La televisión nos muestra guerras,
catástrofes y atrocidades. No hay método para dañar que no sea expuesto y
absorbemos la violencia que se nos enseña como si fuese irreal o simulada. Hoy
día la violencia no se conceptualiza ni como algo positivo ni negativo, no
tiene valor en sí misma, sino sólo como fin. Es decir, si la violencia obtiene
resultados positivos, se considerará positiva o viceversa.
No sabemos en realidad por qué nos gusta la violencia, el morbo y el dilema ajeno, pero es algo que llama la atención, que engancha al espectador y evita que cambie de canal o de contenido.
¿Es verdad que el aumento de estos contenidos incrementa la audiencia?
No sabemos en realidad por qué nos gusta la violencia, el morbo y el dilema ajeno, pero es algo que llama la atención, que engancha al espectador y evita que cambie de canal o de contenido.
¿Es verdad que el aumento de estos contenidos incrementa la audiencia?
Los
programadores de televisión suelen recurrir al tópico de que ellos le dan a la
audiencia lo que la audiencia quiere ver, y que eso es lo que se debe hacer. Pero ¿es eso cierto? ¿La audiencia quiere ver
algo y por eso lo emiten, o lo ven porque es lo único que emiten? Abundan
en la televisión de España y en cadenas como Telecinco, programas donde la
violencia verbal más delirante ha sido el marco en que airear los pasajes más
escabrosos de la vida pública y privada de supuestos ídolos sociales. Estos espectáculos
despiertan la curiosidad más morbosa, enseñan que para ganar dinero cualquier
cosa es válida.
Pero hay ciertas
imágenes que no son sólo exclusivas de programas del corazón. Telediarios,
programas informativos y documentales muestran en la mayor parte de su
contenido.
Televisión Española en su programa RTVE responde trató entre otros temas el de imágenes violentas en los telediarios.
Televisión Española en su programa RTVE responde trató entre otros temas el de imágenes violentas en los telediarios.
Quizá la violencia no
venda como tal, se hizo un experimento en Finlandia proyectando una película
con contenido violento y luego la misma con las escenas eliminadas y las
audiencias fueron muy parecidas.
Pero lo que sí es cierto es que la violencia resulta atractiva. Y a las televisiones les
merece la pena retransmitir cómo llora de dolor una madre que ha perdido a su
hija asesinada si los espectadores vibran de emoción en sus casas sin cambiar
de canal.
Pero lo que sí es cierto es que la violencia resulta atractiva.

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